Uno de los mayores errores al diseñar un parque infantil es subestimar el papel de las protecciones. Aunque muchas veces invisibles para el usuario, estos elementos son los que convierten una estructura divertida en un espacio verdaderamente seguro y funcional.
Las coquillas de protección, fabricadas con espuma de polietileno expandido, son utilizadas para recubrir tubos metálicos en columpios, trepadores o pasamanos. Su objetivo es claro: evitar que los niños sufran contusiones o cortes en caso de golpes. Este material, a diferencia de las espumas blandas convencionales, resiste la exposición solar, el agua y el desgaste diario sin agrietarse ni perder su forma.
Además de las coquillas, las bridas de fijación reforzada son claves. No deben romperse fácilmente ni aflojarse con el movimiento. El error más frecuente es usar bridas plásticas convencionales en lugar de las industriales homologadas.



